¿Qué pasa en Sudán del Sur? Conflictos tribales en el país más joven.

Sudán del Sur, el país más joven del planeta, sufre desde hace varias semanas una ola de conflictos armados en varias regiones del país como consecuencia de la lucha por el poder entre las etnias mayoritarias. A pesar de las recientes conversaciones entre las partes enfrentadas en Addis Abeda, capital etíope, el conflicto no cesa, dejando a su paso más de mil muertos y cientos de miles de desplazados.

¿Por qué es el país más joven del planeta?

La independencia de Sudán del Sur fue proclamada el 9 de julio de 2011, tras cuatro décadas de guerra contra el Gobierno de Sudán, que empleó tácticas genocidas para subyugar a la población del Sur.

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Filipinas y el peor desastre natural de su historia

El tifón Haiyan, también conocido como “Yolanda”, impactó con categoría 5, la máxima en la escala, el pasado 8 de noviembre en varias provincias filipinas. Con ráfagas de viento de hasta 315 kilómetros por hora, arrasó la ciudad de Tacloban, convirtiéndose en un devastador escenario: viviendas completamente destruidas, carreteras intransitables, ruinas, refugiados, familias destrozadas, desaparecidos, cuerpos sin vida por las calles. Ante una catástrofe de tal inmensidad, la ONU hizo un llamamiento a la comunidad internacional para apoyar al país y a las víctimas que lo han perdido todo en cuestión de minutos. Analizamos en qué situación se encuentra el país después de sufrir el peor desastre natural de su historia.

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¿Qué pasa en EEUU? La Administración reabre

do your jobEl 1 de octubre cerraba la Administración estadounidense como consecuencia de la oposición de los republicanos a los presupuestos presentados por Obama, con el objetivo de derogar la reforma sanitaria, conocida como Obamacare. El 17 de octubre se marcaba como fecha límite para alcanzar un acuerdo entre demócratas y republicanos con el fin de evitar la suspensión de pagos.

Finalmente, unas horas antes de superar el techo de deuda, tanto el Senado como la Cámara de Representantes llegaban a un acuerdo que eleva el techo de endeudamiento hasta el 7 de febrero y desbloquea el presupuesto federal para reabrir la Administración hasta el 15 de enero.

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Solidaridad Común

ImagenMalta y Reino Unido, dos países que, actualmente, nos llevan a un mismo denominador común. Y es que en los últimos días cientos de personas, la mayoría norteafricanos, intentan llegar a las costas de la pequeña isla maltesa y no siempre en las mejores condiciones. El último escenario, hasta la fecha, fue el rescate de 102 inmigrantes por un buque-cisterna.

Aunque a Reino Unido no están llegando botes cargados con personas buscando un simple porvenir, el prevenido Gobierno británico ha comenzado ya con su campaña anti-inmigración porque teme “una posible oleada de inmigrantes procedentes de Bulgaria y Rumanía”.

Quizá haya llegado el momento de reabrir uno de los debates más antiguos del continente: la inmigración.

Puesto que hablamos de una integración de países, la Unión Europea, conviene matizar los movimientos migratorios a los que debe hacer frente. Por una parte, las migraciones provenientes de otros continentes y, por otra, el flujo de personas que se mueven de unos países a otros de la Unión.

En barquitas de juguete

Miles de inmigrantes africanos arriesgan sus vidas atravesando el Mediterráneo en barcas de juguete para llegar a las costas de Malta y así entrar en la UE. Una inmigración “sin papeles” que se ha elevado a 1.294 desde principios de año, miles de personas, huyendo de los conflictos en sus países, llegan exhaustas a las costas europeas por los efectos del cansancio y la deshidratación.

Ante la masiva llegada de inmigrantes, en junio, Joseph Muscat, el primer ministro maltés, hizo el intento de enviar dos aviones con inmigrantes somalíes de vuelta al continente africano. A finales de julio, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) emitió una resolución provisional confirmando como ilegal la deportación. Como afirma la periodista Jessica Abrahams, esta acción refleja la desesperación del Gobierno maltés, desesperación por el desbordamiento de la pequeña isla y porque ha hecho un llamamiento a la UE para que adopte medidas de reparto y, de momento, la Unión mira hacia otro lado.

Sin olvidar, por supuesto, nuestro Estrecho, por el cual intentan cruzar centenares de hombres, mujeres y niños en barquitas hinchables.

Cierto es que estamos ante una situación muy complicada, puesto que las reuniones sobre medidas de austeridad, paquetes de ayudas económicas, tipos de intereses, etc., no cesan. Pero quizá va siendo hora de que los dirigentes europeos se reúnan para hablar de la inmigración en Europa, puesto que el desenfreno del flujo migratorio tiene como consecuencia directa el trato degradante a los que, simplemente, vienen buscando la prosperidad europea.

Ejemplos hay por toda Europa: “las pésimas condiciones de los refugiados en Austria. En Grecia, la policía fronteriza los persigue como si se tratase de un juego salvaje. En Gran Bretaña, una reciente campaña gubernamental advierte a los inmigrantes ilegales de que si no se van, acabarán en la cárcel. En Polonia, los centros de detención de inmigrantes parecen y funcionan como las cárceles” y podríamos continuar. Sin olvidar, por supuesto, nuestro Estrecho, por el cual intentan cruzar centenares de hombres, mujeres y niños en barquitas hinchables.

¿Los “legales”?

Pero esto en cuanto a las injusticias sufridas por los “ilegales”. Y utilizo este término porque uno de los principios fundacionales de los Estados miembros es “el derecho de los ciudadanos europeos a circular libremente y a residir en toda la Unión”. Sin embargo, los conservadores de David Cameron, que ya han comenzado con una fuerte campaña contra la inmigración “sin papeles”, mediante incluso furgonetas rotuladas con mensajes tan drásticos y desagradables como: “Go home or face arrest!” (“¡Vuelvan a sus países o les detendremos!”), comienzan a evaluar nuevas medidas para hacer frente a la posible inmigración en 2014 de personas procedentes de Bulgaria y Rumanía (recordemos, Estados miembros).

Alegando que muchos de los ciudadanos europeos que se instalan en Reino Unido, lo hacen porque se sienten “atraídos” por el sistema de prestaciones británico, Cameron, ya a finales de julio, hizo público plan para recortar los beneficios sociales de los inmigrantes sin empleo que provengan de la UE, tras seis meses de estancia en el Reino Unido. Medidas que parecen violar el principio de “libre circulación” de los europeos.

Al mismo tiempo, la prensa sensacionalista ya se está encargando de contar historias de terror sobre “los turistas [rumanos y búlgaros] en busca de beneficios sociales”. Además, el Ministerio está planeando hacer una lista de países de “alto riesgo” (India, Nigeria y Pakistán son algunos de ellos) que paguen fianzas para entrar en el país, según el Gobierno, para que no “se queden demasiado tiempo”.

Movimientos solidarios

Bajo esta segregación dentro de cada Estado europeo, los gobiernos no hacen más que crear desigualdades entre unos y otros, que desencadenan en los nacionalismos y en la ascensión de partidos xenófobos y de extrema derecha, que no nos dejan ver la realidad de Europa y del mundo entero: las diferencias entre los pueblos.

Puesto que estamos ante un mundo en continuo movimiento, sobre todo a lo que personas se refiere, lo primero es que la Unión Europea debe comenzar a intervenir en los asuntos migratorios y llevar a cabo una política común que ayude a los migrantes, tanto de dentro como de fuera de las fronteras europeas. Además, recuperando las palabras del filósofo alemán Jürgen Habermas, Europa debe “informar a los ciudadanos europeos y desarrollar una solidaridad común” para evitar el resurgimiento de los nacionalismos y de los sentimientos racistas en la Unión.

Artículo publicado en presseurop.eu el 20 de agosto de 2013

Los “no-aliados”

digital identity “Quiero que la atención sea para estos documentos y el debate que espero que se produzca en la ciudadanía de todo el mundo sobre el tipo de mundo en el que queremos vivir. Mi único motivo es informar a la población de lo que se está haciendo en su nombre y lo que se está haciendo contra ellos”.

Son las palabras con las que Snowden alegaba su primer envío de documentación secreta de la NSA a The Guardian.

La tajante declaración y sus revelaciones en la entrevista concedida a Der Spiegel, hacen plantearse una serie de cuestiones acerca de la indignación que pueda sentir la ciudadanía.

“Los alemanes, como la mayoría de servicios secretos occidentales, duermen en la misma cama que la NSA”, afirmaba el exempleado de la Agencia. ¿Quiere decir esto que estamos vigilados por todos los frentes?, ¿nos encontramos ante el 1984 de Orwell?

Por un instante, con las declaraciones de Merkel y compañía sobre si estábamos de nuevo en la Guerra Fría y que a los “amigos” no se les espía, se nos podría haber pasado por la cabeza que realmente los dirigentes europeos estaban tan crispados como parecía y que hasta su tratado transatlántico de librecambio (TTIP) se vería mínimamente afectado.

Pero no, como era de suponer, los servicios secretos de estos países estaban “aliados” con la NSA y tenían, y tienen, sus propios programas de espionaje.

Callamos y les dejamos “trabajar”

Volviendo a las palabras de Snowden, cabe confirmar que sí ha creado un debate entre la ciudadanía, puesto que los gobiernos espías están vulnerando uno de los fundamentos de la democracia: el derecho a la privacidad y a la presunción de inocencia. Aún molesta mucho más cuando estos gobiernos democráticos se “alían” con las empresas que tienen todos nuestros datos. Eso sí, que nosotros mismos les ofrecemos al hacer clic en “acepto condiciones y términos de uso”, pero que nunca leemos.

Según informaciones de The Guardian y The Washington Post, el programa Prism de la NSA obtuvo la cooperación de Microsoft, Yahoo!, Google, Facebook, Skype, YouTube y Apple.

Empresas que nos hacen cuestionarios de lo más personal porque desean “ofrecernos” el mejor servicio (es su marketing más beneficioso). Y los gobiernos quieren protegernos contra posibles ataques terroristas, como el propio Obama ha afirmado. Y por eso, al activarse estos avisos de alarma terrorista, callamos y les dejamos “trabajar”, aceptamos la pérdida de nuestra libertad por la seguridad y el bien comunes. En definitiva, como escribe Ramón Lobo, “el ciudadano se repliega a un silencio cómplice, deja de ser ciudadano, pasa a ser súbdito”. E indigna.

Vigilar a los vigilantes

Y, puesto que nuestros gobernantes nos han impuesto ese rol social, llegan a nuestros oídos informaciones tan sumamente inquietantes como que “el máximo responsable de seguridad de Facebook, Max Kelly, se fue de la red para trabajar en la Agencia de Seguridad Nacional”. Aunque se termina aceptando, indigna.

Sin embargo, a pesar de la indignación, seguimos abriendo cuentas en las redes sociales y donando nuestra información, nuestro bien más preciado: nuestra privacidad. Parece que esa “identidad digital voluntaria” que estamos creando, tiene mucho que ver con las pantallas que vigilaban a los siervos del Big Brother descritas por George Orwell.

Será que los únicos “no-aliados” de esta Guerra Fría somos nosotros, el frente ciudadano, el que no tiene las herramientas suficientes para vigilar a los vigilantes. Desde luego, indigna. Pero sigamos debatiendo eficazmente en las redes sobre “el tipo de mundo en el que queremos vivir”, quizá les interese alguna de nuestras ofertas. O no.

Artículo publicado en presseurop.eu el 11 de julio de 2013